Feliz No-Cumpleaños, Amelie

Amelie, ¿sabes que te imaginé por primera vez hace más de tres años? Te escribí un día de septiembre, después de tener un flash súbito de ojos grandes y maravillados observando con fascinación una cajita musical.

Te he escrito en tres historias, siempre con un diferente nombre (y, ¿recuerdas, Amelie, cuando sólo eras “la niña”?), y te he imaginado millones de veces, pero nunca me he atrevido a dibujarte. Comenzaba apenas mi obsesión con los nombres en francés, allá cuando te traje del mundo de mi mente, y, si somos honestas, siempre te he imaginado con los colores del espíritu de mi hermana: brillante, pequeña, de cabello rizado y castaña. Varías a veces, dependiendo de la historia, pero en mi mente y corazón siempre te ves igual.

Hoy no es un día especial en cuanto a celebraciones tradicionales, ni un aniversario o una fecha significante. Pero existes, pequeñita, en un espacio del mundo. Te escapaste de mi mente y saliste al sol.

Feliz no-cumpleaños, querida mía.

Nunca te lo he dicho, pero a veces me pones a temblar como una hoja. Me intimidas y no sé por qué, porque tú no eres cruel, nunca me has tratado mal, pero tienes el poder de hacerme daño. Mucho daño. Y ni siquiera tienes idea, lo cual sólo lo hace peor, sólo lo hace más fácil. Con un par de palabras o un rato de silencio me puedes dejar trastornada por horas, ansiosa y deprimida y ni siquiera te darías cuenta.

Hay veces que quisiera odiarte. Sería tan, tan fácil; mi vida sería infinitamente menos complicada si tú no fueras un factor, pero por alguna razón no puedo obligarme a hacerlo. Hay ratos en que me irritas, sí; hay ratos en los que me vuelvo un torbellino de indignación, hay momentos en que el resentimiento contra ti se vuelve un maelstrom en el medio de mi cabeza y de mi corazón y sólo quisiera verte ahogado, verte sufriendo, verte pidiéndome misericordia -pero soy una mujer, después de todo, y sólo soy humana, y la capacidad para la crueldad cuando nuestro orgullo está en juego es probablemente la cosa más peligrosa en todo el mundo-. Después, en momentos de calma, cuando la tormenta se aclara, me siento culpable por todas las cosas que pensé, pero hay ratos en los que sí, quisiera nunca haberte conocido.

Y la verdad, nunca sé que pensar de ti. Me confundes y me tienes en un estado de constante sorpresa, con tus ideas y con tus sueños, con lo fácil que es adivinarte a ratos sólo para que inmediatamente salgas con algo que parece de otra dimensión. Pero incluso así, creo que no me arrepiento de ser tu amiga.

Lógica retorcida

Quisiera que fueras mío sin tener que disculparme por ello, quisiera poder besarte hasta que perdieramos el sentido y poder desmayarme en tus brazos sin sentirme como basura. Quisiera poder enredarte los dedos en el pelo, oler el humo de tu piel, recorrerte el cuello con la boca sin que me preocupara nada más que los sonidos que lograra arrancarte de la garganta. Pero no se puede, porque están esas malditas cosas que me observan desde los rincones, que me dirigen sus ojos acusadores y que me recuerdan las cosas por las que me debería alejar.

Si pudiera, me disfrazaría de una persona distinta, de una criatura totalmente diferente, una que pudiera quererte sin problema alguno. Y te conocería y volvería a amarte, engañaría al mundo, al tiempo y el espacio para no tener que vivir las decepciones y viviría solamente en los ratos que estuviera junto a ti. Tus suspiros serían mi aliento, tus besos mi alimento, el brillo de tus ojos mi sol, mi luna, mis estrellas. Me enterraría hasta lo más profundo del bosque de tu alma, me perdería, me olvidaría, dejaría ir todo rastro de mi ser hasta que de mí no quedara nada más que mi capacidad para amarte, más que la memoria de tus labios, de tus manos sobre mí. Dormiría tranquila bajo las estrellas, escondida en tu corazón, sintiendote en cada sitio de mi ser, envolviéndome, atravesándome, viviendo en mi misma escencia, y cuando despertara, no habría preocupaciones, culpas, segundos pensamientos o miradas de recriminación.

Pasarían los días, simplemente sintiéndote, disfrutándote, amando la idea de tu existencia y deleitándome con comprobar que eres una realidad. Me escondería en tu cuello y te quitaría el pelo que te cae sobre la oreja, susurrándote al oído “Amor, amor, no sabes cómo te quiero…”, arrullándote hasta que durmieras y frotándome contra la textura áspera de tus mejillas. Te acariciaría y besaría hasta conocer cada rincón, cada línea, hueco y curva, y cuando ya no hubiera nada que tocar, que mirar, que probar, cuando de ti ya no quedara nada, me dormiría feliz a junto a tu memoria, eternamente, para siempre, sin preocuparme porque la frialdad de un espejo me enseñara la lógica retorcida de este amor unilateral.

Cuestiones Triviales

Las dos de la mañana son la hora feliz de las alucinaciones. Para entonces tengo suficiente sueño y sobredosis de Internet como para crear diez mil maníacos, entonces las voces se ponen frente al micrófono y aunque yo cierre los ojos veo la película de criaturas mitológicas. Alguien (creo que es un duende) me pregunta con su voz agudita “¿Y Emmeline?”. Yo, por si llegara a ser un acosador, le digo: “Está ocupada, vuelve en unos minutos.” No me gusta mentir, pero no sé qué pasaría si supiera que está durmiendo. “Vale, es que la estufa se está incendiando”, avisa, yo asiento distraídamente y volteo hacia la cocina. Una elefante rosa está tratando de meter un árbol de plátanos en una olla. Timmy, el avestruz fantasma, la mira con compasión. “Así nunca va a entrar, Dana, córtalo en pedacitos.” Dana es terca, desafortunadamente, entonces entra uno de los chicos de Skillet con casco de bombero, canta el coro de Rebirthing y la estufa queda como nueva, ya apagada y sin el fuego. “Gracias”, murmuro, sentada con todos ellos correteando me da un dolor de cabeza que no te imaginas.

“¡¡¡Aaah!!!” chilla Dana al romper un plato de cerámica blanca. Me sobresalto y uno de los trozos afilados me corta la mano. La sangre sale color morado, ya que le puse colorante vegetal porque quedaba más bonita. Tomo la venda que me ofrece Timmy, angustiado, y me la enrollo alrededor de la mano; unos minutos después ya una ninfa que canta tipo High School Musical ha barrido los trozos de cerámica y mi mano casi ha dejado de sangrar. Me quito la venda para observar, sale una gotita roja.

“Esta pintura siempre falla”, le comento a Timmy. Dana asiente, revolviendo la olla con los trozos de árbol adentro, por fin ha escuchado a Timms. Él tiene aire distraído y de pronto me mira con tristeza. “Lo siento”, murmura. Yo sonrío cansadamente y hago un gesto vago con la mano. “No te preocupes, usaré más pintura. Esta vez será azul con cuadros negros.” Timmy me mira significativamente, yo volteo a otra parte. “Sabes que no es eso a lo que me refiero.”

“Lo sé.” Murmuro. “Lo sé.” Levanto la cabeza y toda la casa está vacía.

Conversaciones Perturbadoras – 2

Emmie: (dormida en su cama, con voz angustiada y hablando en sueños) Pero… ¿Y los conejos? ¿Qué les hicieron?

Josie: (con actitud recelosa, quién sabe si Emmeline es una espía) ¿A los conejos? Nada… Los conejos huyeron al Más Allá.

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Definitivamente estoy l-o-c-a… Y es genial xD

Ensueños nocturnos

Sería tan lindo poder dormir contigo a mi lado… De los ositos no me quejo, pero ellos nunca te abrazan de vuelta, ni te calman cuando tienes pesadillas. Tampoco te dan besos de buenas noches, ni te sonríen cuando dices “¿Me das otros cinco minutos?” al despertar. ¿Y qué hay de cuando hace frío? No son cálidos como para confortarte, ni te hacen cosquillas al respirarte en el oído. Las personas, en cambio, sí lo son. Cuando tienes a alguien junto a ti por la noche, tal vez sea más difícil moverte, o te lleguen a aplastar un poco, pero al menos hay alguien al que puedes simplemente mirar, si no tienes sueño.

Nada que decir

Ni siquiera yo me entiendo. Solo eso… Que estoy mal de la cabeza.

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