Protegido: Pies descalzos, sueños blancos

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Seis grados de separación

Y no es que me esté quejando ni nada, pero ya va para media hora y sigo sin dejar de temblar, sentada en el piso con mis pedazos de lápiz roto en la mano.

World enough, and time

Siento que voy para atrás. Como terminando un ciclo, pero no entiendo de qué- todas las cosas están poniéndose demasiado parecidas a como eran antes… Pero, ¿antes de qué? Es como andar por una playa a la que fuiste de niño, casi sin memorias pero topándote con cosas que definitivamente ya habías visto, y a mitad de la caminata te das cuenta de que las caracolas que traes en la mano son las mismas que estaban en tu ventana cuando pequeño, años y años atrás.

Culpa

Ciérrame los ojos y átame las manos,
amordaza mi conciencia y bésame los labios.
Limpia mis memorias, tu recuerdo las ha manchado,
dame un último suspiro y nunca vuelvas a mi lado.

Protegido: A color

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Protegido: Perdido entre las X

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Noviembre

Me escuecen las memorias, me duele tu desamor,
estoy harto del dolor de cabeza que me pegaste con el adiós.
¿No podías irte en serio, en vez de quedarte en mis recuerdos?
Ando mareado por la existencia, trasnochado, entre desvelos…

¿Qué sentido tiene la vida si sigo buscándote y ya no estás?
Puedo pensarte cuanto quiera, pero sé bien que no volverás.
Quisiera no tener que existir sin tus sonrisas, sin tus detalles,
sin saber que estás en alguna parte, paseando entre las calles.

¿Dime, te acuerdas de aquellas noches quitándonos la soledad?
O tal vez ya te las borraron la amnesia y su ambigüedad…
Ojalá que cuando cierres los ojos te lleguen mis suspiros a la memoria,
ojalá te pongas melancólica y y se te vuelvan a amargar las horas.

Acuérdate, amorcito, de que te brillaban los ojos cuando te besaba,
de cómo cuando estabamos juntos el mundo se nos olvidaba.
Acuérdate, y ojalá que te duela, ojalá te arrepientas, te quieras morir…
Pero no te preocupes, cuando eso pase, yo estaré esperando por ti.

Lógica retorcida

Quisiera que fueras mío sin tener que disculparme por ello, quisiera poder besarte hasta que perdieramos el sentido y poder desmayarme en tus brazos sin sentirme como basura. Quisiera poder enredarte los dedos en el pelo, oler el humo de tu piel, recorrerte el cuello con la boca sin que me preocupara nada más que los sonidos que lograra arrancarte de la garganta. Pero no se puede, porque están esas malditas cosas que me observan desde los rincones, que me dirigen sus ojos acusadores y que me recuerdan las cosas por las que me debería alejar.

Si pudiera, me disfrazaría de una persona distinta, de una criatura totalmente diferente, una que pudiera quererte sin problema alguno. Y te conocería y volvería a amarte, engañaría al mundo, al tiempo y el espacio para no tener que vivir las decepciones y viviría solamente en los ratos que estuviera junto a ti. Tus suspiros serían mi aliento, tus besos mi alimento, el brillo de tus ojos mi sol, mi luna, mis estrellas. Me enterraría hasta lo más profundo del bosque de tu alma, me perdería, me olvidaría, dejaría ir todo rastro de mi ser hasta que de mí no quedara nada más que mi capacidad para amarte, más que la memoria de tus labios, de tus manos sobre mí. Dormiría tranquila bajo las estrellas, escondida en tu corazón, sintiendote en cada sitio de mi ser, envolviéndome, atravesándome, viviendo en mi misma escencia, y cuando despertara, no habría preocupaciones, culpas, segundos pensamientos o miradas de recriminación.

Pasarían los días, simplemente sintiéndote, disfrutándote, amando la idea de tu existencia y deleitándome con comprobar que eres una realidad. Me escondería en tu cuello y te quitaría el pelo que te cae sobre la oreja, susurrándote al oído “Amor, amor, no sabes cómo te quiero…”, arrullándote hasta que durmieras y frotándome contra la textura áspera de tus mejillas. Te acariciaría y besaría hasta conocer cada rincón, cada línea, hueco y curva, y cuando ya no hubiera nada que tocar, que mirar, que probar, cuando de ti ya no quedara nada, me dormiría feliz a junto a tu memoria, eternamente, para siempre, sin preocuparme porque la frialdad de un espejo me enseñara la lógica retorcida de este amor unilateral.

Adiós

Te fuiste como las hojas que caen: callado, desapercibido.
Te fuiste, y antes de que me diera cuenta habías desaparecido.
Te fuiste y no te di un beso, no te abracé, no te sentí…
Te fuiste, pero te lo prometo: nunca voy a olvidarme de ti.

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Dedicado a mi amigo Luis Guillermo, al que espero un día pueda volver a ver.

Manual para autocompadecerse

Es fácil. Tome algo malo que le halla sucedido, no importa su tamaño, y sáquelo de proporción. Suspire, despotrique, laméntese y lloriquee del modo más patético posible mientras se abraza a un oso de peluche o una almohada en la oficina de su terapeuta. Repita el tratamiento cada cinco minutos durante todo el tiempo que guste o hasta que alguien le de un sartenazo.

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