Las tres

Irene tiene pelo rojo y ojos que se ríen cuando tiene el rostro bajo el sol. Le gusta recostarse en el césped, sostenerse de las hebras verde brillante como una caravela perdida buscando dónde anclarse. Sonríe despreocupada cuando camina por la calle, canturreando sin molestarse que no tiene oído musical y acariciando las paredes mientras corre tarde para clase. Le gusta el té helado y andar con zapatillas de tacón, y girar y girar como bailando con música imaginaria.

Alice es callada como boceto sobre papel, anda escondida entre sombras pero sonríe cual estrella blanca cuando atrapas su mirada al girar alguna esquina. Le gustan los estanques y andar descalza por su casa, pero es casi imposible verla -lo más que consigues casi siempre es un vistazo de listones y vuelos de vestido azul celeste-, a menos que sea tarde de lluvia y la encuentres mirando las gotas jugar a las carreras en la ventana. Tiene ojos pensativos y es de piel pálida contra su cortina de pelo negro como la luna en una noche nublada, y vive mirando al horizonte con aire de Penélope en espera por Ulises.

May pasa el rato caminando entre las nubes, buscando espejos que viajen a mundos especiales y cerrando los ojos a la realidad, agarrada de la mano con sus sueños de la infancia. Ronronea y medio sonríe cuando se le alborota el corazón, y parpadea como dormida cuando la atrapas soñando despierta. Le da miedo la vida en general y le gusta coleccionar historias y apodos, y a veces le asusta quién es, y en quién va a convertirse.

Pero entonces ‘Irya’ le salta encima, alborotándole el pelo castaño, y May se la sacude y se deja caer sobre el regazo de Alice con un suspiro dramático, sacándole una sonrisa de la hermana grande que no es, y las tres se ríen, distintas pero iguales, sin que importen tanto las diferencias como el hecho de que están juntas, hasta el final de la historia.

Más

Culpa

Ciérrame los ojos y átame las manos,
amordaza mi conciencia y bésame los labios.
Limpia mis memorias, tu recuerdo las ha manchado,
dame un último suspiro y nunca vuelvas a mi lado.

Distracción [Cuentos Inconclusos – III]

En algún punto se dio cuenta de que había dejado de guiarse por las horas y los minutos, pero no sabría decir el momento exacto en que ocurrió, sólo que su mente medía el tiempo por el movimiento rítmico del péndulo –un tic tac alterado que probablemente usaba dos segundos y medio para ir de derecha a izquierda- en vez de con su reloj. Lamentablemente, más o menos cada diecisiete tics, el péndulo terminaba por caerse –hay que repararlo, pensaba cada vez que lo encontraba en la mesa y tenía que detenerse a colgarlo de nuevo, pero siempre olvidaba hacerlo-, y, para ubicarse con más detalle, estaba el gato: tres comidas al día, a eso de las ocho, las catorce y las veinte; mimos cada dos o tres horas y, todas las noches, un platillo con leche junto a la puerta antes de dormir.

Humo

Tu recuerdo es un grito endulzado con miel,
es una idea de azúcar, alcohol y canela.
Es la telaraña de un camino en mi piel
que aparece en relieve a la luz de las velas.

Sparks

Para Amelie fue fácil empezar a creer. Todo lo que se requirió fue darle un vistazo a la sonrisa de la bailarina, escuchar unos segundos de la delicada melodía y ya no hubo vuelta atrás.

Había un mundo escondido en las cajas de música, un mundo de magia que (y lo supo en ese momento) la había enamorado para siempre.

Noviembre

Me escuecen las memorias, me duele tu desamor,
estoy harto del dolor de cabeza que me pegaste con el adiós.
¿No podías irte en serio, en vez de quedarte en mis recuerdos?
Ando mareado por la existencia, trasnochado, entre desvelos…

¿Qué sentido tiene la vida si sigo buscándote y ya no estás?
Puedo pensarte cuanto quiera, pero sé bien que no volverás.
Quisiera no tener que existir sin tus sonrisas, sin tus detalles,
sin saber que estás en alguna parte, paseando entre las calles.

¿Dime, te acuerdas de aquellas noches quitándonos la soledad?
O tal vez ya te las borraron la amnesia y su ambigüedad…
Ojalá que cuando cierres los ojos te lleguen mis suspiros a la memoria,
ojalá te pongas melancólica y y se te vuelvan a amargar las horas.

Acuérdate, amorcito, de que te brillaban los ojos cuando te besaba,
de cómo cuando estabamos juntos el mundo se nos olvidaba.
Acuérdate, y ojalá que te duela, ojalá te arrepientas, te quieras morir…
Pero no te preocupes, cuando eso pase, yo estaré esperando por ti.

Lógica retorcida

Quisiera que fueras mío sin tener que disculparme por ello, quisiera poder besarte hasta que perdieramos el sentido y poder desmayarme en tus brazos sin sentirme como basura. Quisiera poder enredarte los dedos en el pelo, oler el humo de tu piel, recorrerte el cuello con la boca sin que me preocupara nada más que los sonidos que lograra arrancarte de la garganta. Pero no se puede, porque están esas malditas cosas que me observan desde los rincones, que me dirigen sus ojos acusadores y que me recuerdan las cosas por las que me debería alejar.

Si pudiera, me disfrazaría de una persona distinta, de una criatura totalmente diferente, una que pudiera quererte sin problema alguno. Y te conocería y volvería a amarte, engañaría al mundo, al tiempo y el espacio para no tener que vivir las decepciones y viviría solamente en los ratos que estuviera junto a ti. Tus suspiros serían mi aliento, tus besos mi alimento, el brillo de tus ojos mi sol, mi luna, mis estrellas. Me enterraría hasta lo más profundo del bosque de tu alma, me perdería, me olvidaría, dejaría ir todo rastro de mi ser hasta que de mí no quedara nada más que mi capacidad para amarte, más que la memoria de tus labios, de tus manos sobre mí. Dormiría tranquila bajo las estrellas, escondida en tu corazón, sintiendote en cada sitio de mi ser, envolviéndome, atravesándome, viviendo en mi misma escencia, y cuando despertara, no habría preocupaciones, culpas, segundos pensamientos o miradas de recriminación.

Pasarían los días, simplemente sintiéndote, disfrutándote, amando la idea de tu existencia y deleitándome con comprobar que eres una realidad. Me escondería en tu cuello y te quitaría el pelo que te cae sobre la oreja, susurrándote al oído “Amor, amor, no sabes cómo te quiero…”, arrullándote hasta que durmieras y frotándome contra la textura áspera de tus mejillas. Te acariciaría y besaría hasta conocer cada rincón, cada línea, hueco y curva, y cuando ya no hubiera nada que tocar, que mirar, que probar, cuando de ti ya no quedara nada, me dormiría feliz a junto a tu memoria, eternamente, para siempre, sin preocuparme porque la frialdad de un espejo me enseñara la lógica retorcida de este amor unilateral.

Adiós

Te fuiste como las hojas que caen: callado, desapercibido.
Te fuiste, y antes de que me diera cuenta habías desaparecido.
Te fuiste y no te di un beso, no te abracé, no te sentí…
Te fuiste, pero te lo prometo: nunca voy a olvidarme de ti.

● ● ●

Dedicado a mi amigo Luis Guillermo, al que espero un día pueda volver a ver.

Sabor a zarzamora

En un frasco de mermelada encerré una mariposa,
una mariposa de brillo y magia, con color a fantasía y fe.
Una mariposa está encerrada, pero sé que es un hada disfrazada,
porque revolotea a las cuatro en punto, y las hadas solo beben té.

Revolotea, revolotea, le susurro a la captiva mariposa,
¿era una hada de las rosas? La verdad ya no lo sé.
El frasco es de zarzamora, tal vez por eso no le importa
porque se come la mermelada cuando cree que no la ves.

Ah, bonita mariposa, ¿me creerías si te digo que te quiero?
Ya sé que te tengo guardada, te tengo atrapada en tu propia piel.
Pero la verdad es, mi pequeña preciosa, hada primorosa, belleza de miel,
que yo te encierro en el frasco porque no te quiero perder.

Ojos Cerrados

Si cierras los ojos puedo robarte un beso, dos,
desaparecerte la coherencia y reemplazarte las ideas.
En un segundo puedo recorrerte la cintura, el cuello,
rozarte las caderas y esconderme entre tu pelo.

Voy a distraerte y  olisquearte un rato,
marearme con tu aroma a rosas y nadar por el río de tus labios.
Te voy a susurrar secretos al oído, a robarte los sabores,
esconder el sonido de tu risa allá donde no puedas encontrarlo.

Voy a secuestrarte los sentidos mareados y los placeres prohibidos,
los sueños que no recuerdas y las ideas que no quisiste pensar.
Si cierras los ojos voy a hacerte mil cosas, mi cielo,
y  te prometo que te van a encantar.

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