Feliz No-Cumpleaños, Amelie

Amelie, ¿sabes que te imaginé por primera vez hace más de tres años? Te escribí un día de septiembre, después de tener un flash súbito de ojos grandes y maravillados observando con fascinación una cajita musical.

Te he escrito en tres historias, siempre con un diferente nombre (y, ¿recuerdas, Amelie, cuando sólo eras “la niña”?), y te he imaginado millones de veces, pero nunca me he atrevido a dibujarte. Comenzaba apenas mi obsesión con los nombres en francés, allá cuando te traje del mundo de mi mente, y, si somos honestas, siempre te he imaginado con los colores del espíritu de mi hermana: brillante, pequeña, de cabello rizado y castaña. Varías a veces, dependiendo de la historia, pero en mi mente y corazón siempre te ves igual.

Hoy no es un día especial en cuanto a celebraciones tradicionales, ni un aniversario o una fecha significante. Pero existes, pequeñita, en un espacio del mundo. Te escapaste de mi mente y saliste al sol.

Feliz no-cumpleaños, querida mía.

World enough, and time

Siento que voy para atrás. Como terminando un ciclo, pero no entiendo de qué- todas las cosas están poniéndose demasiado parecidas a como eran antes… Pero, ¿antes de qué? Es como andar por una playa a la que fuiste de niño, casi sin memorias pero topándote con cosas que definitivamente ya habías visto, y a mitad de la caminata te das cuenta de que las caracolas que traes en la mano son las mismas que estaban en tu ventana cuando pequeño, años y años atrás.

Humo

Tu recuerdo es un grito endulzado con miel,
es una idea de azúcar, alcohol y canela.
Es la telaraña de un camino en mi piel
que aparece en relieve a la luz de las velas.

Razones Para (¿No?) Amar A Tus Amigas

Yurih: (hojeando en Forum una revista de animé) ¿Sabes? Creo que los japoneses son demasiado idealistas.

Josie: (sorprendida) ¿Por qué? ¿Creen en el amor, la libertad y todas esas cosas?

Yurih: Nah, dibujan mujeres con senos exageradamente grandes.

Razón número uno: las buenas amigas siempre te enseñan lo mejor de todo el mundo.

Protegido: A color

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Protegido: Perdido entre las X

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Lógica retorcida

Quisiera que fueras mío sin tener que disculparme por ello, quisiera poder besarte hasta que perdieramos el sentido y poder desmayarme en tus brazos sin sentirme como basura. Quisiera poder enredarte los dedos en el pelo, oler el humo de tu piel, recorrerte el cuello con la boca sin que me preocupara nada más que los sonidos que lograra arrancarte de la garganta. Pero no se puede, porque están esas malditas cosas que me observan desde los rincones, que me dirigen sus ojos acusadores y que me recuerdan las cosas por las que me debería alejar.

Si pudiera, me disfrazaría de una persona distinta, de una criatura totalmente diferente, una que pudiera quererte sin problema alguno. Y te conocería y volvería a amarte, engañaría al mundo, al tiempo y el espacio para no tener que vivir las decepciones y viviría solamente en los ratos que estuviera junto a ti. Tus suspiros serían mi aliento, tus besos mi alimento, el brillo de tus ojos mi sol, mi luna, mis estrellas. Me enterraría hasta lo más profundo del bosque de tu alma, me perdería, me olvidaría, dejaría ir todo rastro de mi ser hasta que de mí no quedara nada más que mi capacidad para amarte, más que la memoria de tus labios, de tus manos sobre mí. Dormiría tranquila bajo las estrellas, escondida en tu corazón, sintiendote en cada sitio de mi ser, envolviéndome, atravesándome, viviendo en mi misma escencia, y cuando despertara, no habría preocupaciones, culpas, segundos pensamientos o miradas de recriminación.

Pasarían los días, simplemente sintiéndote, disfrutándote, amando la idea de tu existencia y deleitándome con comprobar que eres una realidad. Me escondería en tu cuello y te quitaría el pelo que te cae sobre la oreja, susurrándote al oído “Amor, amor, no sabes cómo te quiero…”, arrullándote hasta que durmieras y frotándome contra la textura áspera de tus mejillas. Te acariciaría y besaría hasta conocer cada rincón, cada línea, hueco y curva, y cuando ya no hubiera nada que tocar, que mirar, que probar, cuando de ti ya no quedara nada, me dormiría feliz a junto a tu memoria, eternamente, para siempre, sin preocuparme porque la frialdad de un espejo me enseñara la lógica retorcida de este amor unilateral.

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