A veces

A veces me dejo caer en la cama y me pongo a recordar. Pienso en las cosas que nos decíamos, en lo que recuerdo (y en lo que casi no); pienso en tus ojos y tu boca y en las mariposas rebeldes, azules que me alborotabas en el estómago.

A veces me río sola, porque el mundo me recuerda a ti. Y cierro los ojos, saboreando el limón de mis sonrisas privadas, incluso aunque más que cítrico tenga gusto a sol y mar (salado, como tu piel y como llanto), pero no puedo dejar de pensar en limonada por culpa de lo agridulce de las ideas.

A veces me quedo contando los días, sumando y restando y tratando de pensar, ¿cuánto tiempo duré queriéndote?, y siempre me asusto, siempre cambio el tema. A veces me dibujo mapas en la piel, en busca de algún camino que me dejaras en alguna parte, pero me muerdo el labio y deshago las líneas como la lluvia sobre calles de tierra.

A veces oigo canciones y pienso “me equivoqué”. A veces medio escribo cartas, poemas entre cafés, y a veces garabateo tu nombre, tus ojos, tu sonrisa fácil y tu risa oscura en servilletas en el desayuno, pero nunca suena igual, nunca logro acabar de creérmelo, y me levanto de la mesa dejando atrás mis pedazos de memoria.

También, a veces, quiero llamar. A ver si de verdad existes, o solo eras una mentira. Quién sabe, soy bastante rara, y capaz y solo te imaginé. ¿De verdad hay gente con aroma a sol?, me pregunto, ceño fruncido y mordiéndome la boca, porque nunca he encontrado a otra persona que se parezca lo suficiente.

Probablemente porque no me atreví a buscar.

Culpa

Ciérrame los ojos y átame las manos,
amordaza mi conciencia y bésame los labios.
Limpia mis memorias, tu recuerdo las ha manchado,
dame un último suspiro y nunca vuelvas a mi lado.

Protegido: A color

Este contenido está protegido por contraseña. Para verlo introduce tu contraseña a continuación:

De historias y sus finales

Me encanta leer. Eso es bastante obvio. Me encanta leer, porque me hace sentir y me hace pensar, me transporta lejos de la realidad y me deja huir con los personajes hasta que decida que se me antoja volver a mi vida. Pero a veces termino de leer alguna historia o libro (que, en realidad, vienen a ser casi lo mismo) y no puedo evitar desear no haberlo hecho.

No me molesta el terminar las historias, porque puedo releerlas o buscar fanfics del tema, y generalmente no me molesta como acaban por la misma razón (“Unleash your imagination”). Pero siempre que termino de leer algo, la última sensación que me dejó la historia se queda conmigo. Sea felicidad, tristeza, confusión, las emociones de las historias (cuando me alcanzan) se vuelven parte de mí inevitablemente. Y, desafortunadamente, ahora los finales de felicidad y amor ya no son tan comunes, porque tampoco lo son en la vida real.

Me encanta leer, pero no me encanta emerger del mundo de una historia mirando detrás de mi hombro porque la Reina Roja puede volver a por mí.

Y yo no quería saltar por la ventana.

Cosas de dos (o Negociación)

Regálame un secreto para tener entre los dos,
para tener en qué pensar cada vez que dices adiós.
Regálame una sonrisa que solo sea para mí,
y a cambio guardaré mis besos solamente para ti.

Mándame tu corazón escondido entre sellos postales,
pasame un par de cariños entre notas y cosas triviales.
Dame un par de miradas, una caricia, un susurro de amor,
y yo te prometo dibujar en mis libros tu nombre y un corazón.

Protegido: When the fairy tale is over

Este contenido está protegido por contraseña. Para verlo introduce tu contraseña a continuación:

Sueños infantiles y vidrios de colores

Creo en hadas. Creo en seres mágicos. Creo que los personajes de los cuentos existen, pero de un modo diferente a las personas. Creo en espíritus, en seres no tan imaginarios y en sombras de luz que no dan miedo, sino que te cuidan en la oscuridad. Lo he hecho toda mi vida, incluso al crecer y a pesar de que muchos me han llamado todo lo llamable (¿siquiera existe esa palabra?) y me han tomado por una niña que no acaba de superar la fantasía.

¿Será tan terrible eso, no dejar los sueños atrás? No le hallo lo malo a emocionarme cuando veo a las bailarinas de ballet dar giros y saltos, ni a tener una caja llena de cosas brillantes y coloridas para que las hadas se entretengan si llegan a aparecer, o a creer que los personajes de mis historias existen en otra realidad. Creer en cosas “imposibles” me ha ayudado a sobrevivir a todas las cosas por las que he pasado (y aquellos que se saben toda la historia, sobre todo aquellos que las vivieron conmigo, saben que el haber llegado sanas y salvas hasta estos momentos es una hazaña de verdad); seguir soñando, fantaseando, jugando, me ha ayudado a tener fé en un mundo donde cada vez es más difícil tener esperanza. Una dice que cree que se puede ser feliz por siempre, los demás sonríen irónicamente y comentan que claro, durante los tres primeros meses de casado, o algún comentario de ese tipo. Quisiera saber, ¿qué hay de imposible en la felicidad? O en el amor verdadero, en soñar, en reírse por simple alegría. Para mí no hay nada malo, pero claro, esa soy yo. Además, ahora que todo es mercadotecnia y cultura pop, ¿de dónde saco que hay sitio para las hadas y los fantasmas o los cuentos y los príncipes azules?

Y pensar que todo este espacio pudo dedicarse a promocionar otra cosa más importante, como botas Channel o un tubo de pasta dental.

Anteriores Entradas antiguas