23 Nov
A dance ’round the Memory Tree
Pues sí, al parecer he vuelto. A medias, con un libro en blanco en una mano y una brújula extraña en la otra, pero sigo buscando la luz. Y si soy honesta, tenía planeado abandonar este pequeño espacio, pero lamentablemente para mi lado débil este oasis de neblina y pensamientos es como mi hogar, mi refugio, y por más que lo intente siempre hay un instante en que me traiciono y trato de volver.
¿Qué debo poner aquí? Ya no tengo idea. Han pasado muchas cosas, demasiadas, y están tan limitadas por los susurros y los secretos que ya no sé qué puedo contar y qué no. Encima de todo, está el hecho de que los recuerdos parecen haber escogido el peor momento para empezar a regresar. La amnesia, ese bálsamo siempre confuso y a veces liberador, no dura para siempre, y estamos despertando.
Aún no sé qué haré conmigo misma, con los demás, con mis fantasmas y con mis sombras, pero tal vez la cuestión sea encargarme de ellos uno a uno. Quizá en algún tiempo ya por fin pueda estar tranquila, si las demás piezas del rompecabezas deciden alzar la voz y salirse del escenario oscuro en el que estamos todos atrapados. Ojalá que nos alcancen las fuerzas para enfrentar nuestras realidades una vez más, y que esta vez lo hagamos en serio.
21 Oct
Las cosas que no están
Me faltan piezas, me falta gente, la distancia no es física sino emocional. Hablo y fingen no oírme, ignoran lo que necesito que les llegue a importar.
Estoy resentida, estoy enojada, estoy dolida y estoy mal. Y lo peor es que al final, todo será mi culpa.
¿Por qué? Porque aquí nadie sabe nada…
…Más que Su Majestad.
21 Oct
Alicia y May
Los ojos castaños me miran, me interrogan. Están fijos, y no sé qué decir. ¿Qué quieres saber?, preguntamos al unísono. La verdad, eso nomás. Vacilo y dejo de mirar.
El espejo callado, opuesto, suspira y me deja en paz.
12 Oct
Aviso
Bien, como ya van varios días en que no me podía conectar, y no lo podré hacer en (al parecer) un buen rato, quiero pedirle disculpas a todos mis amigos y a la gente a los que les debo algún post, o cosas así en alguna página, porque estaré desaparecida todavía una semana, o incluso más. Lo siento!! Pero hay varias razones que no creo conveniente mencionar aquí (en primera, porque es muy largo, y en segunda, mi papá lee esto, y podría castigarme a la distancia ._.), así que solo quiero que todos estén enterados. De nuevo, lo siento!!! Espero que me comprendan, y trataré de volver tan pronto como sea posible.
Los adoro!! Besos de chocomenta,
Josie.
30 Sep
Conversaciones Perturbadoras – V
Emmie: (hablando sobre cosas del cutis con Josie y su matera) Mi pediatra dijo que tenía que cuidarme la piel de las rodillas porque tenía los poros cerrados.
Josie: (levantando una ceja) Pediatra. ¿No dirás dermatólogo?
Emmie: (sonriendo como niña pequeña) Ah, sí, ¡ése!
Josie: (riéndose de su hermana) Dios, y luego yo soy la despistada.
Emmie: (entrecerrando los ojos amenazantemente) Mejor me dejas en paz, o tu siguiente paso podría ser el próximo.
25 Sep
Promesas del silencio
-Es demasiado difícil -susurró Elisa. Demian levantó el rostro y preguntó un lacónico:
-¿Qué?
-Decir “te quiero”. Me siento mal por ello -suspiró-. En realidad no es tanto el hecho de decirlo, porque eso lo puedo hacer… La cosa es demostrarlo.
-Ah.
Demian era inteligente. Sabía lo que le sucedía a Elisa, pero también sabía que necesitaba desahogarse. Era la única manera en que podía poner sus ideas en claro: hablando. Elisa escribía por eso, porque necesitaba decirle a alguien todo lo que pensaba, sin que la interrumpieran o hicieran preguntas obvias. También era por eso que hablaba con Demian. Él sólo escuchaba y no respondía sino hasta el final, a menos que supiera que era necesario. En tales casos, invariablemente tenía la razón con sus argumentos, claramente porque era imparcial.
-Es mi furia de nuevo, ¿verdad? Por eso no puedo tener paz. Porque estoy enojada -Elisa pasó saliva con dificultad, con un nudo en la garganta-. No me gusta estar enojada, Demian.
-Lo sé.
-Y ya tengo la solución. La tengo, sí. El problema es que es demasiado complicado. Es… Es odio puro -susurró, dejando caer una lágrima sin querer. La apartó en un gesto rápido, incómoda. La garganta le dolía cuando hablaba sobre tristezas.
-Sabes que el odio es algo natural.
-Pero no por eso es bueno. Es horrible. Malo. Es la cosa más terrible que me puede pasar. A veces… A veces no sé cómo puedo controlarme. Duele, y arde, y se me atora en las cuerdas vocales y se siente como una quemadura. Y… Y yo no la odio. Pero me hace enojar. Y todo se enciende y es imposible pararlo, y arruino todo lo que he logrado cada vez. Y por ahora… Por ahora me ha dejado volver, intentar repararlo todo. Pero en algún momento no me querrá de vuelta -sollozó a duras penas. Trataba de que su voz no se quebrara, pero había algo sobre sus hombros que la tenía clavada al piso y le impedía respirar, pensar, hablar normalmente.
Dolía. Era eso.
-Ella siempre te querrá -replicó Demian con suavidad-. No importa lo que pase, siempre habrá un lazo entre ustedes dos, algo que nada en este mundo podría romper.
-Ya, pero no se trata de que me quiera o no. Ella no confiará en mí, no querrá abrirme su corazón. Va a saber que soy capaz de hacerle daño, porque no me fijo en a quién le grito. Un día se dará cuenta de lo que ya sospecha y levantará sus defensas conmigo, sólo conmigo… Y ya nada va a ser igual, pero no será para mejor. -Se quedó callada un rato, hasta que finalmente susurró:- Ella va a temerme.
Demian la miró levemente, habría parecido que con frialdad. -Sigues hablando a futuro, recuerda eso.
-El futuro es lo único que hay.
-No.
-Sí. Y yo lo estoy arruinando.
-Entonces deja de hacerlo.
-¡No puedo! -gritó ella, exasperada. Él la miró fijamente, tranquilo, y Elisa no pudo sino observarlo con lágrimas en los ojos. Luego los cerró-. No puedo -susurró esta vez, con la cara surcada por el llanto-. No puedo. No sé cómo, nadie me lo enseñó. Y sola no puedo hacer nada.
-Claro que puedes. ¿Qué no lo ves? -insistió Demian. Elisa negó con la cabeza gacha y él gruñó-. Eres patética cuando sientes autocompasión.
-Cállate -dijo sin voluntad.
-No. Vas a escuchar. Vas a dejarte de devaneos y vas a recordar qué es lo que significa ella, qué es lo que significan ustedes para ti. Vas a pensar si vale la pena seguir escuchando su risa, seguir oyendo su vocecita hablándote como siempre; vas a pensar si todas las letras y páginas que gastaste eran sólo mentiras.
-¡No fueron mentiras! -exclamó ella, indignada.
-Yo no dije eso. Pero es lo que comienza a parecer. Cuando estás de buenas la quieres, y cuando estás enojada, ¿qué? -inquirió, y ella sintió de nuevo que se le oprimía la garganta.
-Me… Me desquito con ella -musitó miserablemente.
-Te desquitas con ella. Y entonces todo lo que haces…
-Se vuelve una mentira -interrumpió ella, hablando a coro con él.
-Exacto.
-Ya. ¿Y qué es lo que hago? -preguntó, mirando a Demian. Él sonrió, con aquél gesto leve que sólo ella podía identificar.
-Eso ya lo sabes -respondió, desapareciendo.
Minutos después, Elisa levantó la vista de algún punto lejano en el aire, y miró el sitio donde Demian había estado sentado. Había un trozo de papel pequeño, con una sola frase escrita en la letra elegante del ángel.
Las promesas que no nos atrevemos a hacernos en voz alta son las más difíciles de cumplir, pero también las más importantes. Al final, lo único que contará no serán las veces que fallamos: será el hecho de haber mejorado el mundo (incluso si es el pequeño mundo personal de alguien) al lograr nuestro objetivo.
20 Sep
Adioses
Es difícil decir adiós. Sobre todo si es uno grande. Está el tan temido primer adiós del colegio: te bajas del auto, das un beso a tu mamá, y entras con tu mochila al hombro, sintiendo lágrimas escocerte en los ojos y el corazón roto ante la duda, porque tal vez ella no vuelva. Uno supera el miedo, pero siempre queda el recuerdo de ése adiós.
Están también los pequeños adioses, cuando gritas “¡Te llamo en un segundo!” si estás al teléfono y tus padres te mandan a recoger tu habitación, o cuando vas a tu primera fiesta y prácticamente sales disparado sin poner atención al despedirte. Hay adioses dulces, como el que le das a tu persona amada a la hora de la despedida, y hay adioses amargos, como el que se da cuando te enojas al terminar una conversación.
Y, sobre todo los adioses que más duelen, son los que les damos a nuestras ilusiones. No hay nada más triste que el bajar de un pedestal a la persona que amas, que el darte cuenta de que los que quieres no son seres perfectos, sino tan humanos como tú; no hay nada más triste que dejar atrás las ensoñaciones de la infancia. Las cosas que más duele dejar ir son nuestras fantasías, nuestros ídolos, las cosas que al ser amadas nos hicieron quienes somos.
Sin embargo, en los adioses no hay sólo tristeza. Al final de las despedidas, y después de la resignación, siempre nos quedará una dulce melancolía, y el conocimiento de que los adioses no son sólo finales, también son nuevos comienzos.
19 Sep
Conversaciones Perturbadoras IV
Matera: (checando su correo y hallando una historia particularmente dramática) ¿Quién me habrá mandado ésa cadena?
Josie: (divertida ante la pregunta) Ni idea, nunca me dejas metichear en tus correos.
Matera: (ignorando a su hija y revisando el destinatario)Ah, ya, fue Mune.
Emmie: (metiéndose en la conversación) ¿Saben? Yo odio cuando me mandan esas cadenas. Algunas hasta me hacen pensar.
15 Sep
¿Me das un beso?
¿Me das un beso? Sólo para probar.
La verdad es que cuando veo tus labios
siempre me entra la curiosidad.
¿Me das un solo beso?
A ver si vale la pena arriesgarme,
Tal vez sea otra de mis tonterías,
o es que he vuelto a enamorarme.
¿Por favor, me das un beso?
Te prometo guardarlo en secreto.
Si quieres fingimos que somos actores
y lo borramos de nuestro libreto.
Entonces, ¿me das un beso?
Cotilleos de hace poco ;)